Vocaciones parte 1

business-163860_640Últimamente escucho mucho la frase ‘vocaciones STEM‘ en el contexto educativo. Es un doble contrasentido que voy a intentar explicar desde mi punto de vista en un par de entradas en este blog.

Por un lado está la cuestión ‘vocacional‘.

¿Qué significa vocación? ¿Podemos introducir una vocación de forma extrínseca? ¿Tiene algo que ver la vocación con lo que queremos conseguir en el futuro? Primero la respuesta corta a todas ellas. NO.

Ahora la respuesta larga.

¿Realmente creemos que las vocaciones se pueden introducir en las personas? Es evidente que no. Si le preguntásemos a alguien las diferencias entre un religioso que desarrolla su actividad en pro de los demás y alguien que trabaja desinteresadamente en un ONG, el ‘ayudar al prójimo‘ no sería la cuestión que los separa, más bien al contrario. Sin embargo, una monja, un cura, una misionera… mantienen ciertas diferencias con los cooperantes de ONGs. Y si les preguntásemos, nos dirían que su vocación religiosa es interna, interior, intrínseca. Por mucho que hablemos a los demás de ayudar al prójimo, de ser desinteresados, altruistas no conseguiríamos que naciesen en ellos la vocación religiosa, es una cuestión interior que nace, crece y evoluciona con uno mismo. Lo que te ilusiona, lo que te inquieta, lo que te llama la curiosidad… esas son tuyas.

Ya tenemos la primera clave. Las vocaciones son propias de uno mismo.

Otra cuestión es mostrar posibilidades de futuro a nuestros estudiantes. ¿Tiene algo que ver las áreas científicas con las posibilidades de futuro? ¿Podemos influir en sus decisiones de futuro?

Si y no. Resulta evidente que los docentes debemos mostrar las posibilidades que presentan las diferentes áreas de conocimiento, todas ellas y no sólo unas cuantas que alguien (algún político o visionario recalcitrante tal vez) considera relevante para la sociedad. Pero se trata de exactamente eso, de lo que tenemos que hacer nosotros, los docentes, más que de lo que hará nuestro alumnado en el futuro. Se trata de acercar áreas de conocimiento, trabajar de otro modo e incluso proponer iniciativas.

Por desgracia existen personas, muchos docentes e incluso cargos políticos y administrativos (lo cual es ya preocupante) que siguen considerando que lo que ellos propongan en las aulas es y será lo que el alumnado haga de adulto. Quiero creer que nunca han oído hablar de la ‘teoría de las inteligencias múltiples‘ porque lo contrario significaría que creen que los adultos, la administración o incluso un gobierno tiene el derecho y la capacidad de manipular sus ilusiones, sus objetivos e incluso su futuro.

Y las dos cuestiones no casan. No casa el desarrollo personal, la búsqueda de nuestro elemento, la potenciación de nuestras inteligencias con perseguir un objetivo para todos igual, con desarrollar las mismas destrezas en una generación que, dicen ellos, requerirá de 200.000 ingenieros y científicos.

Este último, y cansino, planteamiento es una doble falsedad. Primero porque nadie sabe, ni por asomo, cómo será la sociedad dentro de 20 años, nadie. Y mucho menos sabemos qué necesidades formativas serán las precisas en ese contexto. Algunos aducen que los trabajos manipulativos serán desterrados, la cantidad de elementos robotizados será muy superior a la cantidad de trabajos que el hombre puede hacer, pero ¿realmente ese es el enfoque? ¿De vedad podemos argüir que podemos seguir enseñando al médico igual que antes o al docente o al químico o al ingeniero? ¿Podemos realmente ver que dichas profesiones serán realizadas bajo los mismos parámetros que los actuales como para seguir enseñándoles de igual modo? ¿Podemos desterrar ciertos trabajos y sus trabajadores de aquí a 20 años? ¿Realmente podemos olvidarnos del fontanero, del luthier o del carpintero que, creen algunos, no tendrán futuro simplemente porque pensamos que esas vocaciones no tendrán lugar en esa sociedad que dibujamos? ¿Es que aún no hemos aprendido de las veces que hemos enterrado a profesiones como filosofía (claramente al alza en entornos de trabajo avanzados relacionados con la inteligencia artificial) o al dibujante (anda vez más solicitado en proyectos relacionados con medios audiovisuales, con la industria de efectos especiales o el diseño industrial)? ¿No nos estaremos equivocando queriendo producir trabajadores en vez de intentar ayudar a cada un a sacar lo mejor de su interior? Porque eso es exactamente lo que significa desarrollar las vocaciones: ayudar a encontrar el elemento propio y potenciar las inteligencias en las que cada uno puede destacar.

Hace pocas fechas estuve en una reunión en Madrid, en ella todos los profesionales relacionados de un modo u otro con la educación llegamos a un mismo punto cuando expusimos verbalmente qué entendemos por ‘educar para la excelencia‘ y éste estaba más en consonancia con términos relacionados con felicidad, resiliencia, actitudes positivas ante la toma de decisiones, asunción de riesgos y valores personales y sociales que mejoren su propia vida y la de los demás que con el desarrollo curricular. Tiene muy poco que ver con los trabajos del futuro, porque es imposible determinar qué trabajos novedosos aparecerán ni con las diferentes demandas profesionales (muchos de los pintores, informáticos, constructores, etc. pueden estar pasándolo muy mal actualmente, pero los hay que llegan y llegarán a ser considerados excelentes y a estos no les faltará trabajo) pero, además, tiene mucho menos que ver con la óptica de manipular las vidas de las pequeñas y pequeños para que sean nuestros trabajadores del futuro más allá de lo que ellos quieran y puedan ser.



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