Retos en la implementación de tecnología en educación

Para hablar de tecnología educativa es necesario hablar de cambio metodológico, experiencias integrales, proyectos… y ese cambio implica una serie de retos que tenemos que abordar antes y durante su desarrollo.

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  • No caer en el factor llamativo de la tecnología.

Las tecnologías que, cada día, aparecen en nuestra sociedad contienen un elemento llamativo, algo que nos hace decir con la boca pequeña “Wow”, y eso es interesante en la medida en que lo que entra por los ojos tiene posibilidades, pero no puede ser el centro motivacional de lo que lleva a su uso en el aula. Debe contener un plus de valor en el aprendizaje.

Las administraciones juegan bastante a esto, incorporando masivamente tecnologías que tienen un factor “Wow” pero que no han intentado en absoluto modificar las dinámicas de aula sino más bien mantenerlas. Las PDI son un claro ejemplo en el que la implementación ha sido masiva y las dinámicas de aula no han variado en absoluto.

Los tablets son otro ejemplo en el que parece que todo se aborda teniendo un tablet sin que se tenga en cuenta los lenguajes que desarrolla, sus potencialidades a la hora de crear experiencias, libros dinámicos, multimedia… Por ello afloran tantos experimentos con tablet Android que simplemente replican el trabajo con texto en la libreta, sin ir más allá o supediántolos al uso del libro de texto electrónico.

  • Visión a largo plazo

Casi todas las implementaciones que se realizan en los centros y, en mayor medida, las realizadas por las administraciones, carece de una planificación a largo plazo más allá de la intención presupuestaria y técnica. Es decir, no se realizan experiencias a pequeña escala con docentes de referencia en situaciones de procesos de enseñanza-aprendizaje reales. Como mucho se realizan tests técnicos por parte de operarios del ramo de la informática, intentando solventar las dudas y problemas técnicos pero eso queda muy fuera del contexto educativo y sus posibilidades.

Tampoco se realizan comparativas entre diferentes acercamientos, usos y posibilidades y las conclusiones observadas por los docentes involucrados en el aprendizaje integral del alumnado.

Es necesario comenzar con un plan a pequeña escala, contar con las personas relacionada con la educación que sean relevantes sobretodo en el aspecto metodológico.

  • La cuestión económica

Las administraciones escogen prácticamente siempre soluciones tecnológicas de escaso valor y en el que impera, sobretodo, el bajo coste económico a costa de perder potencialidades y posibilidades que siempre se relegan como cuestiones secundarias, cuando deberían ser el principal objetivo.

En algunos casos, las fundaciones e instituciones externas pueden ser una buena alternativa de financiación que permiten el acceso a tecnologías que las administraciones se niegan a aportar. En mi caso la Fundación Germán Sánchez Ruipérez a través del CITA ha sido una auténtica tabla de salvación.

La tercera vía es la propia financiación que suele ser una salida para aquellos que consiguen premios personales o a nivel de centro que posteriormente invierten en tecnologías.

  • Desarrollo profesional

La única forma de realizar una verdadera revolución en el quehacer del docente es realizando así mismo un cambio en le desarrollo profesional. Actualmente la única forma de “mejorar” en la labor docente es asumiendo puestos en equipos directivos de los centros educativos, opositando a inspección educativa o directamente hacerte político.

El desarrollo de nuevas metas en la docencia no puede estar ligada a esta únicas salidas profesionales. De hecho, las personas que se involucran en la creación de aprendizajes mediante dinámicas activas realizan una mejora profesional mucho más profunda, promoviendo sobre si mismas una búsqueda de recursos de aprendizaje docente, nuevas metas y nuevos medios que mejoren sus posibilidades como tal. Y la tecnología es, posiblemente, el medio más proclive a facilitar el cambio metodológico, aunque dicho cambio no está supeditado a ella, sino a la metodología apoyándose en la tecnología.

  • Intenta incluir a todo el mundo

La introducción de nuevas formas de enseñar a través de nuevos elementos tecnológicos crea situaciones de diferenciación muy claras entre el profesorado, tanto por los medios que usan como en la forma de llevarlo a cabo.

En todo grupo siempre hay elementos que tratan de tumbar iniciativas que vienen cambiar su modus operandi tradicional en el que se sienten tan cómodos y que, con tantos años de experiencia, están convencidos de que es la forma única de aprender.

La tarea más complicada es atraer a estas personas para que, dentro de un contexto de innovación educativa, puedan expresar sus inquietudes y, apoyándose en los líderes del movimiento de renovación metodológica y tecnológica, avancen en una transformación del proceso de enseñanza-aprendizaje.

  • Establece un calendario

Introducir una nueva tecnología, elemento tecnológico o práctica educativa basada en la utilización de tecnología educativa no puede ser llevado de forma simultánea por todas las personas y de la misma forma.

Los pasos esenciales pasan por establecer un calendario de uso por parte del alumnado en diferentes edades y grupos y por parte del grupo docente, establecer una serie de buenas prácticas que aseguran un cierto grado positivo de uso y que permite asentar unos cimientos optimistas en cuanto a su utilización en el aula (o fuera de ella), y un calendario de formación docente en centro y sobre metodología tecno-educativa.

En ese sentido, el uso del método de introducción de elementos tecnológico efectivos en el proceso educativo SAMR y la taxonomía de Bloom pueden ser un punto de vista inicial y continuo a tener en cuenta en la elaboración de las experiencias de aprendizaje por parte del alumnado y en el enfoque necesario por parte del profesorado.

  • Los tecnicismos

Todo elemento tecnológico acarrea un conocimiento mínimo sobre su uso, las cuestiones relativas a su manejo, carga, mantenimiento, acceso por parte de las personas, redes interna, internet, impresión…

Establecer una organización mínima, unas personas de referencia par las cuestiones técnicas, controles de acceso a partes privadas y/o sensibles a la información, el tipo de actividades, emprender unas rutinas de mantenimiento son cuestiones menores para el proceso de enseñanza-aprendizaje pero importantes para que estas tengan lugar de la forma lo más positiva posible y, sobretodo, dan seguridad a los no iniciados.

  • Abrir las mentes

El primer gran escollo que nos encontraremos es abrir las mentes al alumnado (y posiblemente más difícil todavía, a los docentes). Parafraseando a la gran película “Cadena Perpetua”, el alumnado se encuentra institucionalizado en la medida en que llevan años y años siendo educados de la misma manera: sentados de frente en fila de a uno (de a dos si tienen suerte) y mirando al encerado. Cambiar esa mentalidad es realmente difícil y dicha dificultad es directamente proporcional a la cantidad de años en la institución.

La tecnología puede ayudar a abrir las mentes del alumnado acercando al aula elementos tecnológicos que ellos mismos usan fuera a nivel cotidiano, pero ese es el primer paso del descubrimiento de las posibilidades que permite la tecnología en el aula. Desarrollar experiencias que profundizan en el aprendizaje integral y creativo, dando espacio a la colaboración e interdependencia, su utilización dentro y fuera del aula, y sobretodo la búsqueda de los propios intereses que pueden motivar al alumnado a generar su propio aprendizaje.

Es necesario priorizar los objetivos hacia experiencias ricas que potencien la creatividad, y el desarrollo integral entrelazando áreas de conocimiento y abordando la necesaria práctica multicurricular.

  • Arriba ese ánimo

Cada año aparecen en los centros nuevos proyectos que también tienen que conseguir su espacio, pero eso no es óbice para que los objetivos que se han propuesto en el cambio metodológico y en el uso de nuevos elementos tecnológicos sean derruidos. No es necesario desbancar unos para hacer sitio a otros, sino todo lo contrario, cómo pueden beneficiarse, contagiarse y expandir el uso tecnológico y metodológico a otras áreas es un objetivo abarcable a cualquier nuevo proyecto de centro o de aula.

Si el plan inicial de implementación de la tecnología en el aula tiene éxito, posiblemente una buena idea será re-evaluarlo cada año, sin miedo a que se modifiquen algunos elementos siempre sin perder los objetivos esenciales del mismo. Si no alcanzamos algún objetivo, qué debemos cambiar, qué personas deben adquirir nuevos roles y cuales prefieren cambiar, conocer las expectativas de éxito de cada miembro y como podemos ayudar a que todos las alcancen pueden ayudar a mantener vivo y enérgico el proyecto.



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