Movimiento mentor

Desde que se incluyó por primera vez la figura de un coordinador TIC en los centros educativos o RMI (responsable remedios informáticos) como se le denomina en alguna comunidad autónoma, la controversia está servida en cuanto a las funciones y el papel que debe ejercer en los centros educativos.
Personalmente me dice mucho de la situación del sistema educativo, de lo que entiende el sistema y sus responsables sobre qué es la tecnología en la educación y qué papel juega en el proceso de aprendizaje pero sobretodo me deja muy claro que pasa en los centros y qué opinión tiene el profesorado sobre la tecnología y qué quiere hacer con ella.
Antiguamente el papel de la persona que “se tiraba a la espalda los ordenadores” era el del “técnico-reparatodo que algo he aprendido en tiempo libre”.
Ahora en las normativas, quedan negro sobre blanco las competencias de este responsable y/o coordinador de nuevas tecnologías -por cierto, no será hora ya de quitarle el sambenito de “nuevas”? es que es una situación como si en algún momento esto fuese a parar y quedase la tecnología estancada. La tecnología es baja y alta, no nueva y vieja… de ser así, deberíamos definir fecha de caducidad para saber a que elementos tecnológicos pierden su condición de “nueva”-… volvamos al caso que nos ocupa.
Al quedar delimitadas las funciones del coordinador TIC muchos docentes lo vieron como una oportunidad para tener libranza de guardia, seamos sinceros, es así, nos guste o no!!
Pero todavía me parece más grave que la mayoría de los responsables de tecnología de los centros educativos estén más preocupados del aspecto técnico de las máquinas (necesario, si, necesario que funcione bien la cuestión técnica) que del aspecto pedagógico sobre el uso de la misma.
Y eso sucede porque el bagaje de conocimientos de los coordinadores es mucho más amplio en el aspecto técnico que en el pedagógico, cuando es la propia pedagogía la que define nuestra labor como profesionales.
Es muy cierto que en algunos lugares, las funciones de este docente estén especificadas también en cuanto a orientaciones pedagógicas, pero la realidad dista mucho de lo que se persigue a nivel documental normativo.
es posible que la figura necesite también ser repensada. Quizás el elementos más importante sea el conocimiento de la tecnología educativa y de la pedagogía y metodología aplicadas.
Mejor que con palabras, lo puedo enseñar con una simple imagen.

La imagen superior viene a decir que podemos conseguir lo mejor de la/las persona(s) justo cuando el campo de conocimientos técnicos se cruza con los necesariamente altos conocimientos en pedagogía y metodología, conseguimos así dos cosas:

  • Que el docente tenga muy claro el objetivo que persigue la tecnología en el ámbito educativo
  • Que el responsable sea un guía, un tutor, un… “mentor” dentro de su centro que ayude a sus compañeros a realizar sus proyectos en el que cada experiencia de aprendizaje tenga adecuadas herramientas tecnológicas (alta o baja).
  • Realizar labores de coaching tanto entre el profesorado como entre el alumnado.
  • Eliminar “nuestras propias barreras” que nos ponemos las personas (esta frase de las barreras se lo copio&pego de César Poyatos) a la hora de abordar nuevos retos personales y grupales que se enfrentan a tecnologías con ciertas etiquetas.

En definitiva, la figura del mentor es esencial a la hora de generar dinámicas de trabajo positivas y efectivas con el uso de tecnologías de la comunicación y de la información. El mentor ha de estar preparado en ambos ámbitos, mantener una filosofía de aprendizaje continuo, de asimilación de riesgos e incertidumbres y sobretodo con una clara idea de qué es lo que hay que perseguir en la educación.
Otra cosas es que el sistema, los centros de profesores, los docentes, los colegios y sobretodo la administración esté preparada para hacer caso a estas personas… yo ya conozco a algunas muy muy muy buenas y sería una pena desaprovecharlas.
Generar un movimiento mentor que tenga como función principal la de ayudar en el aula (no desde un despacho) a los docente que quieren embarcarse en la eterna tarea de generar aprendizaje basado en dinámicas activas en la propia aula y en el propio centro haciendo uso de las tecnologías que nos presenta este momento histórico es esencial para cambiar la orientación de nuestra educación. Como diría Diego García, la formación debe ser con el profesor-tutor en el aula.
Es posiblemente el motor de cambio más real y efectivo: desde la propia aula, en horizontal, con los compañeros, creando vagones que trabajen junto a la locomotora y en vertical y hacia arriba para que ese movimiento acabe siendo sistémico.

Un movimiento en el que las editoriales, con sus clásicos contenidos y estructuras, tendrán que repensar verdaderamente su función en el aula del futuro.



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