Más deberes= Menos aprendizaje

Después de leer un documento de PISA que detalla los resultados de lo niños españoles y su relación con los deberes y que ha tenido eco en muchos medios de comunicación, siempre me quedo dándole vueltas a la cabeza.

Tenemos un problema muy serio en cuanto al concepto de educación. Y es un problema que, por un lado, tiene mucho que ver con el conocimiento, y por otro con las vivencias personales. Y no es un problema percibido por y desde la docencia, sino un problema global.

Realmente dentro de la docencia hay un enorme grupo de personas que creen que los deberes son necesarios, no las tareas de vez en cuando, la terminación de alguna que otra actividad o la creación de proyectos que deben abordarse fuera de los límites impuestos por las paredes y el horario, sino el trabajo diario duro, esforzado, cuantificable y parametrizable que (según ellos) genera aprendizaje, simplemente porque sistematiza ciertos elementos que son, curiosamente, a los que doy valor y los que voy a examinar. Y claro, ese examen es igual a aprender ¿no?

Ese número de profesores afincados en una forma de enseñar no se preguntan qué hay fuera de las paredes ni si cambia la sociedad actual ni siquiera si ha cambiado de un modo diferente al que ha vivido y mucho menos si ese cambio sigue produciéndose en el futuro y hacia un destino desconocido pero es que tampoco se cuestiona si lo que hacen tiene transferencia al futuro de su alumnado de la forma que pueden necesitarlo. Curiosamente es un modo de pensar que mantienen igualmente muchas familias por sus propias vivencias como estudiantes y el estatus que han conseguido alcanzar. Entonces, ¿por qué no va a ser un modelo a replicar si tan buen resultado ha dado? ¿no?

Seguimos enseñando en parámetros del pasado esperando que sean los mismos parámetros que el alumnado “necesitará” (palabra extremadamente importante) en su futuro. Pero igualmente desdeñamos los elementos que no hemos vivido o percibido como importantes (bien porque no nos lo han enseñado como docentes o porque no sabemos como enfrentarnos a ellos o simplemente seguimos viviendo entre nuestras paredes aisladas del mundo exterior) y que acaban siendo las cuestiones esenciales que tendrán que poner en marcha: la CREATIVIDAD, el ensayo-error, la resiliencia, las relaciones personales, las estrategias de resolución de problemas, el enfrentamiento ante el riesgo y sus posibilidades…

Seguimos creyendo que el trabajo duro, el esforzarse (sólo porque alguien de arriba, bien sea el profe o el político de turno lo diga) es suficiente. Una persona se esfuerza porque hay un objetivo, porque lo ve necesario de forma interior y porque hay expectativas puestas en ello. Las generaciones de estudiantes de hace treinta años tenían unas enormes expectativas de aprendizaje propias y de las propias familias que veían como sus propios hijos podían llegar a donde sus anteriores generaciones no habían podido hacerlo.

Las personas que toman las decisiones siguen haciéndolo sin contar con las personas que saben de esto, siguen desconociendo que, en la mayoría de las ocasiones, el esfuerzo aparece porque tu motivación intrínseca te obliga a ello, porque eres tú quien, motivado, quieres llegar más lejos, de la misma forma que un lanzador de jabalina, un corredor o un jugador de tenis intenta superarse.

Pero seguimos proponiendo el esfuerzo como única regla, el trabajo duro lleno de horas de deberes a casa como sistema de trabajo perpetuo en el que el aprender se ha cambiado por el cumplimiento del estándar como si esa relación ecuacional existiese en la vida real de las personas más allá de un papel.

No es que no me gusten las pruebas para conocer donde estamos, lo que resulta aberrante es el foco en la prueba externa como sistema de aprendizaje. No sólo no es cierto, además está fundamentado en “expertos de cuarta fila”, a los que tienen que recurrir porque ninguno de primer nivel avala semejante acercamiento. pero incluso en dichas pruebas externas como el PISA, los deberes acaban siendo elementos que aportan muy poco o nada al aprendizaje.

Así que… ¿qué hacemos? ¿seguimos igual?¿igual que siempre?



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