Llámame, nene!!

1896_telephoneDani tiene 16, Alex 9. Ambos están en edades que Prenski incluiría en su famoso término ‘indígenas digitales’ en contraposición a los inmigrantes digitales que han tenido que incorporar la tecnología ya con cierta edad. Es curioso pero cuanto más avanzó más veo que, aún sin estar de acuerdo con ese término en cuanto al uso de la tecnología, sí que somos ciertamente inmigrantes por nuestra actitud, inmigrantes que, por ser adultos con experiencias vitales, con caminos atrás más que delante, con mundo a nuestras espaldas, vemos ciertas experiencias de estos jóvenes con cierta perspectiva quizás algo viciada. Y digo viciada porque al ser adultos entendemos que ya sabemos más que ellos, y no es así en ocasiones y en este ahora, en este presente que nos ha tocado vivir, diría que es menos cierto que nunca.

He podido disfrutar de un fin de semana intenso, conociendo y disfrutando de charlas (aunque otros lo llamen networking) en las que aprendes más que enseñas, mucho más. Ente las vivencias de conocer a gente increíble, siempre hay alguna conversación que a un friki como yo ( o mejor dicho, a un friki de 45 años como yo) le da vueltas en la cabeza.

Por un lado, cómo es posible que a los friki de 18 años no les emocione Blade Runner o Alíen. No puede ser… Los voy a castigar con ración triple de Hanna Montana!!!

Por otro, el constatar que los jóvenes no siguen nuestros pasos en el uso de la tecnología, por mucho que nosotros creamos que es para lo que existe dicha tecnología, y realmente nos creemos que estamos en lo cierto. Ya lo dice la antropóloga Margaret Mead:

tú nunca has sido joven en el mundo en el que soy yo, y jamás podrás serlo.

He constatado que un teléfono no es un teléfono, llamar no es llamar y que si hay una constante en el universo es el hecho de que los jóvenes tienen que llevar la contraria a sus mayores, y como dijo un amigo, ¡para eso se les paga!

Y todo esto viene al caso de que si os fijáis, lo que menos hacen los jóvenes con los dispositivos móviles es… Llamar! El hecho de llamar por teléfono implica una actividad que, a ellos, les resulta incluso fuera de lugar, algo puntual que deben hacer para cumplir un requisito: pedir la pizza.

Y a eso no estamos acostumbrados los padres. Yo, sin ir más lejos, prefiero que me llamen, oír su voz, pero por eso soy un inmigrante de actitud con respecto a la tecnología, porque para muchas situaciones sigo observándola con los ojos de mis necesidades o de mi punto de vista docente, traspasándola a los nuevos escenarios quizás. Los enanos ya no traen ese bagaje, no vienen viciados de esas circunstancias que nosotros requerimos.

Así que vigilad los teléfonos de vuestros hijos, cuando veáis que el número que más marcan es el de la pizza o que el número de mensajes que os envían es 10 veces más que las llamadas entonces os daréis cuenta de que vuestras niñas y niños ya han cambiado de paradigma de uso, ya piensan diferente, viven en un mundo diferente por mucho que nos empeñemos en decirles cómo deben usar las cosas. Y es que los móviles hacen de todo… y además sirve como teléfono para la pizza.



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