Las dos cuestiones tecnológicas a tener en cuenta en una implementación de iPad

Recientemente han coincidido en el tiempo dos cuestiones. Por un lado, la lectura y conversación por Twitter sobre la adecuación o no del uso de iPads en los centros educativos desde el punto de vista de la situación económica actual.

Por otro, la lectura (por enésima vez) del artículo “10 steps to a Successful School iPad Program”. 

En primer lugar, la situación actual económica y social no puede ser una excusa para no invertir -y con invertir, no me refiero a gastar, que hay una enorme diferencia- en tecnología educativa. Tal y como han comentado en varias ocasiones los expertos, los países que han salido fortalecidos de la crisis son aquellos que han invertido mucho y bien en educación. Dejando este punto claro, la situación actual que nos ha tocado sufrir no es óbice para que el estado no realice las inversiones oportunas en duración. De no ser así, de ser para nosotros una buena excusa para no invertir bien, le estamos dando la razón a aquellos que consideran que lo esencial son los “recortes” y no las inversiones en I+D+I, en desarrollo tecnológico, en investigación científica, en las Universidades… 

No podemos realizar inversiones pensando que hay que ir a lo barato. No es admisible. Hay que invertir en tecnologías que marquen una diferencia considerable, cuya inversión produzca un cambio radical, positivo y significativo en la labor docente y en el desarrollo de competencias. Y, en ese sentido, creo que dejo clara mi postura al considerar el iPad como una auténtica baza que, unido a un cambio metodológico esencial, puede marcar una gran diferencia.

Pero en este país, estamos acostumbrados a comprar “morralla” que justifique el gasto aunque no produzca un cambio de valor. Seguir instaurados en esa política, es mantener aquello que he vivido en alguna ocasión en los centros, con la recepción de tecnología desfasada ya usada por otras entidades que renuevan su parque… y “mira, para lo que hacemos en los coles, nos llega”. Ese planteamiento de chatarrería, que he escuchado demasiadas veces, juega en contra de tomarse en serio una implantación de tecnología transparente, de calidad y significativa para el aprendizaje del alumnado.

O también encontramos argumentos sobre lo que debemos hacer a partir de las carencias de la tecnología que tenemos entre manos, es decir, no modificar nuestro modo de enseñar, no arriesgar en el centro en nuevas adquisiciones, no salirnos del cuadro oficial. Como la tecnología (barata) que hemos adquirido (o ha adquirido la administración) no permite un trabajo en X áreas, vamos a dejarlas a un lado y designarlas como “menos importantes”, así nos autoargumentamos, enfocándonos y recalcando las áreas en las que el dispositivo sí nos permite trabajar: ejemplo de ello por doquier: trabajo en modo texto, ya que cualquier otra opción es casi imposible, trabajo con libros de texto digitales, editoriales o la consabida “mochila digital” evidencian estrechez en la horquilla de las posibilidades.

En el segundo punto, la lectura del artículo de los 10 pasos a seguir para un programa escolar exitoso con iPad, podríamos ir uno a uno cada paso, pero vamos a centrarnos en el punto 56 y 7.

El 5º hace referencia a las posibilidades que tiene el iPad en contraposición a otras opciones. Y es que, soy un firme defensor de lo que llamo tecnología transparente. Y el iPad  lo es, así que no tratemos de hacer lo mismo que se viene haciendo con el ordenador pero en iPad. El iPad permite desarrollar cuestiones como la creatividad de forma directa, multilenguaje y personal con una curva de aprendizaje prácticamente plana.

En el 6º hablamos de Apps, y parece que nos entra una borrachera de adquisición de apps de todos los colores y formas. Es interesante la cantidad de cuestiones puntuales de matemáticas, ciencias, lengua para todos los niveles y problemas que se nos presenten. Pero es en la metodología, la creatividad y el desarrollo de múltiples lenguajes a través de las competencias en lo que debemos centrarnos.

He visto a algunos centros adquirir tablets para directamente coleccionar Apps que presentan al alumnado una tras otra sin mayor planteamiento. es esas la solución? en ningún caso.

Y el 7º podríamos titularlo como  “el IPad, el dispositivo digital de aprendizaje personal”, y recalco lo de personal. Un dispositivo de estas características es muy potente para su uso dentro y fuera del aula, como dispositivo de aprendizaje formal y no formal, para el disfrute a través de juegos y para el acceso a información. Y como he dicho en alguna ocasión: “No, no es el precio el problema. Cada vez que el ejercito estrella un avión militar, perdemos mucho más dinero que toda la inversión en tecnología educativa de todo el país”.

Pero como siempre, comprarán… (compraremos) pensando con el bolsillo, pero se piensa con la cabeza y se paga con el bolsillo. La diferencia y el resultado es más significativo de lo que pueda pensarse, y sólo hay que echar un vistazo atrás para ver el resultado nefasto de ese modo de pensar.



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