La verticalidad de lo transversal

Ha pasado mucho tiempo, una enorme cantidad de trabajo a lo que hay que añadir una gripe de las que hacen época… y ya tienes un mes descalabrado. Retomar el ritmo perdido hace meses parece más fácil de decir que de hacer.

A ver si este primer paso es en la buena dirección…

Estas últimas semanas he tenido la ocasión de “probar” y “comprobar” el estado de la nación educativa en un tramo que me resultaba ciertamente complicado y temeroso para mi. La universidad.

No aquella universidad del mundo de las ciencias de la educación impartiendo alguna asignatura o área en la rama de las ciencias de la educación en alguna de las facultades de Galicia… no sé si alguna vez recibiré semejante invitación (curiosamente no había nadie de Ciencias la educación en esta formación sobre PBL y CBL, será que todos los docentes relacionados con este área universitaria trabajan mediante dinámicas activas del aprendizaje… ejem!). Por desgracia aún los veo (con muy honrosas excepciones) muy en su mundo solitario y nada abiertos a lo que pasa en las aulas reales de nuestros centros.

Estas últimas semanas he tenido la ocasión de “probar” y “comprobar” el estado de la nación educativa en un tramo que me resultaba ciertamente complicado y temeroso para mi. La universidad.

No aquella universidad del mundo de las ciencias de la educación impartiendo alguna asignatura o área en la rama de las ciencias de la educación en alguna de las facultades de Galicia… no sé si alguna vez recibiré semejante invitación (curiosamente no había nadie de Ciencias la educación en esta formación sobre PBL y CBL, será que todos los docentes relacionados con este área unoversitaria trabajan mediante dinámicas activas del aprendizaje… ejem!).

Por desgracia aún los veo (con muy honrosas excepciones) muy en su mundo solitario y nada abiertos a lo que pasa en las aulas reales de nuestros centros.

Me refiero a esa otra universidad. La universidad que también enseña (o lo intenta) en el resto de facultades que se dedican a crear profesionales en las decenas y decenas de áreas de conocimiento y títulos que tenemos en nuestros sistema. Esa universidad para la que se supone trabaja la secundaria, la cual supone que los de primaria trabajamos y nosotros (no vamos a ser menos) exigimos que los de infantil tengan en mente trabajar. Porque… por alguna suerte del destino, los que están (estamos) en el siguiente nivel o etapa creemos tener muy claro (demasiado seguro diría yo) qué es lo que tienen que hacer los de abajo… y bien que se lo hacemos saber.

Pues tengo que decir que me voy con varios pensamientos y reflexiones de esta formación que realicé días pasados. Por un lado, mi temor al trato personal que podría recibir de docentes con enormes y largos títulos, con cátedras, sueldos y horarios de trabajo que no tienen nada que ver conmigo. Pensaba que la distancia humana sería mayor, que harían notar más la brecha de cuerpos en el que nos situamos unos y otros. Pero, la verdad es que me lleve una muy grata sorpresa, iniciada por el contacto con un profe universitario canario que ha sido tremendamente amable conmigo mostrándome ciertos proyectos que realiza usando dinámicas activas del aprendizaje (motivo de esta formación a docentes universitarios). Ciertamente ese hecho me hizo sentir muy cómodo y mis palabras valoradas, y eso m lo llevo de positivo sin dudarlo.

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Lo segundo que puedo sacar en limpio es que el uso de dinámicas activas de aprendizaje resultan bastante desconocidas para el público universitario y a poco que rascas en la Red encuentras más de una facultad y más de una universidad que lo ponen en práctica, pero así como se puede afirmar que el PBL/ABP lleva en marcha algunos decenios en distintos lugares del mundo, del mismo modo es muy difícil encontrar ejemplos concretos y evidencias publicadas de trabajos, proyectos y conclusiones a niveles universitarios. Tengo la sensación de que es más “hablar de lo que hay que hacer, más que demostrar lo que se está haciendo”. Y mostrar ejemplos fácilmente transferibles a otras áreas universitarias, es una necesidad y una pequeña “obligación” para poder dar saltos cuantitativos entre las asignaturas, carreras y profesionales que imparten en diferentes áreas universitarias.

Y, en tercer lugar, lo que denota todo esto y que evidenciamos en más de una ocasión hablando del tema durante la formación, es la falta absoluta de verticalidad en las cuestiones que atañen tanto al modo en que se enseña como al objeto que se enseña.

Incluso los propios docentes universitarios se quejaban del exceso de carga curricular en niveles más bajos mientras se obviaba otras cuestiones más profundas y se desdeñaban elementos más personales pero igualmente necesarios para el estudiante de hoy en día: el pensamiento crítica, la pro-actividad, la tenacidad, la audacia, la creatividad…

Elementos de los que echaban falta en su nuevo alumnado cada año.

Y es entonces cuando echo de menos la conexión vertical desde el inicio el sistema educativo hasta sus momentos finales en los que -hablando al mismo nivel y como iguales- podamos “tunear” este sistema que ha degenerado en un galimatías de créditos, exámenes-filtro, títulos, doctorados y masters por doquier y hasta surimos puntos a evaluar al docente en cuestiones tan ridículas como el de la utilización del aula virtual “oficial” en el campus universitario.

Y esta suerte de conexión-vía-enlace vertical entre todos los niveles y etapas, precisa de un concepto profundo de lo que significa aprender de las cuestiones tan o más relevantes como los elementos curriculares: la autoconfianza, las habilidades comunicativas, la ética, la gestión de las emociones y del tiempo, la creatividad, etc. Os suenan? Sí, son las soft skills y ahora, más que nunca, se deberían convertir en esa transversalidad que requiere la vía vertical curricular.

Utilizarlas desde el empoderamiento del alumnado, la mentorización, el liderazgo educativo, la transformación y autonomía real de los centros, el cambio curricular y la personalización (nada que ver con el automatismo de las plataformas) en el proceso de aprendizaje-enseñanza debería ser una base estable y radicalmente más potente a medio y largo plazo.

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