La situación idónea

La situación idónea

La situación idónea

Sería aquella en la que estaríamos en el centro educativo intentando pelear contra la administración, racaneando dinero de dónde podemos para conseguir avanzar en la construcción de la educación que queremos para los pequeños. 

Que el pensamiento sea ese ya dice mucho de la situación en la que “idílicamente” nos gustaría estar. Un poco triste, ¿verdad?

Pero la situación actual dista mucho de ese paraíso de pelea continua con la administración para conseguir financiación más allá de los planes oficiales, de la infraestructura jerárquicamente decidida y educativamente cuestionable (como poco). 

El día a día de hoy parece debatirse entre dos estrategias: 

Los que apelan a meternos en casa lo antes posible y cerrar colegios, tampoco les falta la razón si es una fuente de posibilidades de contagio.  

La otra opción se centra en no caer confinados, aguantar en los colegios para poder mantener un horario lo más normalizado possible para las familias. Yo, sabiendo la que se nos cae encima (mi mujer es médico de urgencias, así que lo sufro en primera persona) creo que nuestro sitio está en los colegios e institutos, al igual que los supermercados, los hospitales y las farmacias. 

Photo by Tom Barrett. Unsplash
Photo by Wenniel Lun, Unsplash
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Pero, por desgracia…

No contamos con las personas adecuadas para liderar esta situación. Y no lo digo porque no estén preparados a nivel educativo, a todas luces no lo están, si no por el tipo de decisiones que toman y el concepto que hay detrás de cada decisión educativa. Vamos por partes:

Como el pasado curso, hubo un confinamiento en el que muchos indeseables (docentes que no aparecían por la pantalla del equipo del alumnado) se tomaron vacaciones desde marzo, este año montamos un plan de enseñanza (es una broma de mal gusto llamarle a eso, enseñanza) en el que prima el tiempo de estancia delante de la pantalla; un tiempo contabilizado en porcentaje en el que tienes que estar “explicando” el 60% del tiempo mientras dejas el 40% para actividades e incluso mantener el tiempo de recreo. 

Para aquellos que no entiendan cuál es el concepto de enseñanza no presencial puede parecerle un modo de hacerlo básicamente aceptable, pero a poco que se le pregunte a quien sí sabe, se encontrará que este modelo es tan inválido como contraproducente. Pero lo que prima, de nuevo, es poder tener un papel que obliga y regula a todos por igual, independientemente de si tus actividades son adecuadas o no tienes ni idea de qué hacer y envías tareas en PDF a tutiplén. 

Curiosamente ni inspección ni administración tienen ningún problema con semejante esperpento. 

No protestes o tendrá consencuencias

Viene la segunda parte de la cuestión: La autonomía de centros. Curiosamente, una de las cuestiones que más hacen crecer los proyectos, las posibilidades de aprendizaje y la innovación educativa es atender a una demanda tan clara como necesaria: una verdadera autonomía de centros. 
Los centros que no tienen ningún tipo de filosofía o plan estratégico digital van dando tumbos o manteniendo una forma anclada en un discurso del pasado. Lo triste es que, aprovechando que la administración regala tecnología -mala tecnología, lo siento-, se meten en planes gubernamentales (autonómicos o de otro tipo) en el que la ausencia de una filosofía pedagógica y una completa falta de decisión por parte del centro y apoyada en libro de texto -para ese viaje no hacían falta estas alforjas- permiten aumentar el número de equipos “vendidos” (porque la administración se parece tristemente cada vez más a un comercial) a los centros educativos.

Estos planes basados en libro de texto en digital para hacer lo mismo de siempre pero en fosforito… es de una validez educativa nula. 

Este tipo de pensamiento jerárquico piramidal en el que los centros educativos no tienen ningún tipo de capacidad de acción, sin fundamento pedagógico, ni capacidad económica para poder crear sus propios proyectos tecnológicos contrasta con la displicencia con la que se trata a los centros a la hora de buscar responsables en la toma de decisiones con respecto al COVID y las posibles consecuencias basándose en la “autonomía de centros” (¡qué casualidad, ahora sí!). 

LOS DOCENTES DEBERÍAMOS SER

aquellos profesionales que miran atrás para medirse a sí mismos y actuar siempre pensando en lo que van a cambiar mañana

Esta situación es posible revertirla

primero, creyendo en los profesionales y eso pasa por muchos pasos intermedios. El primero dando opciones de proyectos internos que no pasen por planes superiores o con planes superiores que no sean auténticos espejos de ideales politicos de turno. Es decir, cuando se realizan planes desde arriba, automáticamente los centros en sus decisiones de cambio metodológico y tecnológico se tienen que supeditar a esos planes. Lo explico mejor: si un centro en Galicia quiere generar un cambio tecnológico, tiene que pasar inexorablemente por la asunción del proyecto eDixGal, con todo lo que ello requiere: libro de texto, limitaciones en su uso, tipo de hardware, plataformas a usar… eso no genera un cambio de ningún modo, como bien se ha mostrado en el ¿proyecto educativo? Escuela 2.0 con el que tiramos literalmente 400 millones de euros a la basura. 

Por ejemplo, no existe ningún proyecto financiado para desarrollar DUA (el Diseño Universal de Aprendizaje) como sistema de desarrollo del proceso de enseñanza-aprendizaje inclusivo, o una construcción de un aprendizaje Social-emocional que no pase por la propuesta (bastante lamentable) de la administración o la mentorización entre docentes o centros educativos si no se hace EXACTAMENTE como quiere la administración, la cual no busca cita mentorización, ni los efectos que genera en los centros educativos y equipos docentes.

CERO interés

Photo by Ian Schneider. Unsplash
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Una de las cuestiones que más problema acarrea

es la baja cualificación de la inspección en estos temas. Ser inspector o inspectora es (o debería ser) mucho más que conocer las leyes. Seguramente los docentes tenemos mucho que ver en ello, porque tienen que pelear con nosotros demasiadas veces, lo mismo que con algunas familias que generan problemas donde debería haber entendimiento.

Pero lo cierto es que el nivel de conocimiento pedagógico es tremendamente bajo. Y eso es un verdadero handicap para los centros educativos. Desde inspectores que no conocen el valor de una aproximación pedagógica basado en el modelo Montessori o las posibilidades de desarrollo del pensamiento lógico llevando recursos y tiempos para desarrollar la programación (coding) o las posibilidades de mejora en el centro que se abre a la mentorizacíón y acompañamiento desde el propio centro, dejando tiempo y recursos para ello. 

Pero todo empieza con equipos directivos que creen en su propio equipo docente, en sus ideas, en sus proyectos y en sus decisiones y equipos docentes integrados por personas que quieren ir más allá de lo que ya hacen o conocen. Los docentes deberíamos ser aquellos profesionales que miran atrás para medirse a si mismos y su actuación docente pero siempre pensando en lo que van a cambiar mañana. 

Y para que todo esto suceda, es necesario que los planes de las administraciones se piensen desde y para la autonomía de centros. Abarcando temáticas muy diferentes y siempre teniendo en mente que lo primero es la calidad, las posibilidades educativas y sobre todo sobre todo el niño. todo lo dmás… sobra.  

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