La escuela tradicional contra el error y contra el aprendizaje

La escuela tradicional contra el error y contra el aprendizaje

Soy un afortunado, lo reconozco. Desde hace unos años me han invitado a llevar a cabo formaciones y conferencias para docentes y centros educativos por diversos lugares de España, algunos de ellos de secundaria y bachillerato. Me llena de alegría poder hacerlo en esta etapa, la verdad es que he tenido mucha suerte y suelen escucharme mucho (o eso creo) … «algo estará cambiando», me digo a mí mismo.

Pero siempre que lo hago recuerdo una conversación que tuve hace unos años con una amiga profesora de la etapa de secundaria, en la que yo desahogaba por la cantidad de «individuos» (el término docente les venía muy grande) que estaban impartiendo clase a mi hijo mayor en secundaria y bachillerato… esta amiga  me hizo una afirmación que me dejó muy asustado y preocupado. 

 

El nivel de conocimientos pedagógicos y metodológicos del profesorado de Secundaria es bajísimo

Por mucho que intente pensar lo contrario, el tiempo, las experiencias que he tenido con mi hijo mayor, y las que tenemos con el pequeño de la casa ahora en secundaria, vienen a demostrar que eso es cierto. Por desgracia… las positivas sensaciones que tengo en las formaciones que realizo no compensan lo que veo que les pasa a muchos pequeños (empezando por mi propia familia).

Lo que llevo viendo desde hace más de 10 años es, en lineas generales, un nivel de conocimientos en cuanto a pedagogía, metodología y psicología (ya no digamos de neurodidáctica, a la que hace unos meses alguien tildó de «pseudociencia») muy preocupantes.

 

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Podría decirse que en primaria pasa lo mismo… no sé si en mayor o menor medida pero ciertamente encuentro una diferencia de objetivos y formas en el profesorado de secundaria muy muy preocupantes. Pero el «buenismo» y lo «políticamente correcto» no nos dejan hablar claro… y así van pasando los años y las generaciones de niños que pasan por el mismo profesorado que mantiene las mismas formas y los mismos enfoques que hace 30 años (sí, ya lo sé, no son todos…). Y no hacemos nada.

Muchos leerán hasta aquí y dirán: ya está Manel tirando piedras contra nuestro tejado, cuando tenemos unas familias que no apoyan, cuando tenemos unos problemas de mantenimiento del orden en las aulas, cuando nos llegan perfiles de estudiantes que no quieren estar en las aulas, cuando tenemos poco personal, pocos recursos, poco tiempo… ya sé todo esto, lo sé y es cierto. Pero aparte de todas estas cuestiones… ¿hay algo que TÚ puedas hacer? ¿Existe algún área de conocimiento que TÚ no tienes que sería necesario adquirir para que tu nivel metodológico y pedagógico fuese más alto? ¿algún cambio de horario? ¿de asignatura? ¿de transformación curricular?

 

Es irrenunciable cambiar el modelo de aprendizaje a uno que promueva la potitivización del error

Personalmente creo que el error más grande es precisamente la búsqueda de la falta de error. O dicho de otro modo… los docentes decimos preparar para la vida, para el exterior de la actividad formativa, para más allá de la escuela sin saber en muchos casos como es esa vida. ¿Cuántos profes han cambiado de profesión? ¿Cuántos han iniciado una empresa y pagado nóminas? ¿Cuántos tienen que pelear diariamente por el trabajo?¿Cuántos tienen que poner en práctica lo que han aprendido en su etapa formativa?¿Y lo que han aprendido la vida «real»?

Para esa vida real es básico preparar al alumno desde y con el error… y positivizarlo, no estigmatizarlo. Y eso se manifiesta en unas cuantas cuestiones de las que tenemos que ser conscientes si queremos cambiar.

 

Photo by Pixabay on "https://www.pexels.com/photo/auditorium-benches-chairs-class-207691/" Pexels.com
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  • Nuestro sistema castiga el error. Desde que entramos en la escuela marcamos con bolígrafo rojo lo que está mal. Pasamos más tiempo diciendo lo malo que diciendo lo bueno.
  • Calificamos a la baja, perdiendo puntos… haciendo hincapié en lo que hacemos mal para conseguir una nota en la que demostramos lo que hemos perdido.
  • Nuestras «competencias curriculares orgánicas» (las llamaremos así porque realmente están en el papel pero muy muy muy pocos centros y docentes trabajan a nivel competencial) y sobretodo los estándares, están definidos para ser trabajados de igual modo para todas las personas sin tener en cuenta lo que han conseguido, de donde parten y lo que podrán conseguir (y cuando y cómo a lo largo de su vida…) y eso es incompatible con una verdadera personalización de la educación.
  • Aún teniendo estas competencias en primaria, pero sobretodo en secundaria, quedan ocultas bajo masas ingentes de contenidos que se enfocan sobre cuestiones que no tienen en cuenta para nada aspectos como la resiliencia, el liderazgo, la gestión de las emociones propias y de otros, del tiempo y de las tareas complejas, la empatía, el esfuerzo… y así podríamos seguir «ad infinitum«
  • Hemos contribuido a un sistema que intenta que el alumno no cometa los errores, incluso nos adelantamos a la posibilidad de que eso suceda y ponemos los medios para que no exista y se realice un itinerario formativo SIN errores.
  • Nuestro sistema se basa «exageradamente» en la lecto-escritura como modo de expresión. Dejando a un lado la ley actual que no tiene en cuenta la ventana de aprendizaje de la lecto-escritura y que se emperra en exigir que los pequeños salgan de la etapa de infantil leyendo… lo erróneo es enfocarse en la mayoría de los casos de forma única y exclusiva sobre el sistema de lectura y escritura de texto cuando existen otros modos de expresión. No estoy diciendo que no haya que escribir a mano ni que no haya que leer texto, está acción genera procesos neurológicos muy interesantes que no hay que desdeñar. Lo que planteo es la excesiva carga, cuando hay otros lenguajes de comunicación y expresión que no estamos explorando ni valorando en las aulas.
  • Tenemos una definición de éxito marcada por la baja cantidad de intentos, más que por el proceso de ensayo y error y el aprendizaje que se genera en ellos. Es más, limitamos el número de intentos para valorarlo como éxito. Esta forma de valoración va en dirección contraria a los procesos individuales que requiere cada persona, en contra de la valoración del proceso y en contra del enfoque sobre metodologías activas.
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  • Y en este sentido, seguimos con un sistema basado en lo que hace el docente más que en lo que hace y puede hacer el alumno. Y las administraciones no hacen nada por variarlo, es más, las entidades que realizan inversiones en tecnología han primado al docente y su entorno (ordenadores, PDI, plataformas de libros, etc.) y mejor no entremos en el sesgo ideológico y tecnológico de estas entidades…
  • Nuestra evaluación, por mucho que intentamos ver la realidad del sistema con buenos ojos, se basa en la falta de errores realizados en una prueba por unidad de tiempo. Cómo hemos dicho en otras ocasiones, la unidad de tiempo juega contra el aprendizaje. Es posible que etapas altas en las que es preciso reconocer otro tipo de cuestiones sea necesario tenerlo en cuenta pero… ¿es necesario en el 2019 mantener un examen de 50′ por escrito sin haber variado absolutamente nada en los últimos 40 años?
  • No ponemos en práctica estrategias de aprendizaje que posibiliten al asunción de riesgos por parte del alumnado pero, al mismo tiempo, exigimos que cuando sean aprendices adultos _profesionales_ o utilicen su tiempo de aprendizaje no formal o informal se vuelvan arriesgados, osados e incluso algo alocados en sus ideas… ¿cómo va a suceder eso?
  • La asunción de riesgos en las aulas requiere de tiempo, tiempo para cometer errores, tiempo para aprender de ellos y tiempo para asentar y valorar toda la parte puramente no cognitiva que se aprende de todo esto pero que también afecta a esta esfera. Tiempo que necesitan los pequeños peo también los docentes. Y esto significa entender que los docentes que realizan dinámicas activas de aprendizaje (no aquel que usa un libro de texto como pretexto) requieren de menos cantidad de horas lectivas y mucha cantidad de trabajo organizativo y de aprendizaje. E insisto, aquel que trabaja desde las metodologías activas… algo que va a ser imposible en los tempos en donde hasta los sindicatos exigen que todo el mundo reciba lo mismo. ¡Más «café para todos«!

Y aquí tanto los docentes que exigen «terminar el temario» porque les va la vida como el hecho de contar con esos currículos exagerados que mentes privilegiadas que nunca (o casi nunca) han impartido docencia están consiguiendo todo lo contrario: que cualquier perfil de estudiante que no se adapte a este sistema -un sistema que destierra el talento que no sea el estándar o que el examen determine cómo válido- es tratado como un fracasado.

 

Es inhumano hacer que cada estudiante se adapte al sistema. Es el sistema el que debe adaptarse a cada perfil de alumno

Y lo peor es que siempre veremos al responsable exclusivamente fuera de nuestra participación: la familia, su entorno, sus capacidades personales, su trabajo en el aula o fuera de ella… pero, y aún cuando todo esto fuese cierto… ¿no tenemos nosotros que cambiar aunque sólo sea un ápice? porque nosotros lo estamos haciendo tan bien que no da lugar a ninguna necesidad de cambio por nuestra parte.

¿Verdad?

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