Introducir… la tecnología

Introducir… la tecnología

TECNOLOGÍA en el aula

E

s curioso que, después tantos años, sigamos construyendo frases ¡con las palabras “nuevas”, “tecnologías” y “educación”. Las diferentes administraciones siguen denominando así el uso de las tecnología en el aula, es más, ahora mismo, independiente del signo político de quien gobierne, hay una máxime de “mando yo desde arriba”.

Es posible que esta construcción se deba a una incesante aparición de elementos tecnológicos que inundan muchas veces todos los espacios filosóficos (de los que carecemos enormemente) de pensamiento educativo. Las tan manidas “nuevas tecnologías” ni han dejado de ser nuevas ni tampoco tecnologías, pero dista mucho de haber un uso educativo amplio y profundo.

Como decía en una ocasión anterior en este artículo sobre tablets en educación, el uso de la tecnología pasa inexorablemente por:

  • Un uso activo de las dinámicas de aprendizaje,
  • Por crear un espacio de aprendizaje emocional positivo,
  • Por un entendimiento de cómo funciona el cerebro en colaboración con otros cerebros, en procesos creativos y en contextos emocionales
  • Por intentar un acercamiento más holístico, más global, más… STEAM.
Photo by Octavian Rosca on Unsplash
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No es cualquier tecnología… es la mejor tecnología

No es de cualquier forma… es con dinámicas activas

Hace poco he estado invitado al SIMO Educación, he dado una charla sobre algo más que tecnología… sinceramente creo que a poca gente le interesa, visto lo visto. Si tuviese que hacer una evaluación de lo que allí vi, comparándola con la última vez que fui invitado al SIMO Educación (hace ya unos años) diría que poco o nada ha cambiado.

Y con poco o nada no me refiero a las editoriales, que presentan plataformas más pensadas en amarrar al docente dentro de todo lo que pudiesen necesitar en su día a día ni tampoco a la cantidad de vendedores de hardware que muestras nuevas y más grandes pantallas que incluir en el aula para que el docente siga asumiendo el rol principal, y casi único, en el desarrollo de procesos de aprendizaje.

Tampoco ha cambiado mucho el aspecto de novedad llena de colorines y fanfarrias  que meter en tu aula a partir de robots, impresoras 3D y diversas plataformas que suministran diversas fincioanlidades. Ojo, no las estoy discutiendo, ni estoy negándo su valor. Simplemente afirmo que, después de varios años sin ir, no he visto absolutamente nada que me haya hecho pensar: “vaya, esto sí que me parece un acercamiento digno de mencionar”.

Yo mismo utilizo o voy a testar alguna de las plataformas que, pienso, pueden aportar algo de valor en el día a día a mi alumnado. El usar elementos de gamificación para que las diferentes prácticas resulten menos tediosas, hecho comprobado en diferentes estudios. O la práctica con diferentes aplicaciones que desarrollan  ayudan a desarrollar era pensamiento lógico (aunque algunos se empeñan a denominarlo computacional). Pero curiosamente he visto muuucha más tecnología pensada para:

  • hacer más fácil la vida a los docentes
  • hacer más fácil el seguimiento de los alumnos
  • hacer más fácil la evaluación por estándares
  • hacer más fácil el control y seguimiento de lo que ocurre

No, no es educar, ni siquiera se le acerca. Esto puede tener su espacio, y de hecho lo tiene, en el día a día por el tema logístico, pero en ningún caso puede significar qué es educar y cómo entendemos elprocso de educación. Y esto, que debiera ser anecdótico, acaba ocupando el 80% del espacio (cuando no más) del pensamiento tanto de los docentes como de los dirigentes.

Enseñar aprender es mucho más importante que el proceso de establecer los estándares, mucho má potente que las horas asignadas a una asignatura, y mucho más determinante que la editorial que se utilice.

¿cómo haré para controlar lo que hace el alumnado?

¿cómo harás para evaluar sin echar horas y horas?

¿cómo hará para llevar el control de asistencia?

¿cómo haremos para terminar los libros de texto?

¿cómo haréis para incluir la sesión de 45’ de robótica en el aula?

¿cómo harán para tener impacto mediático?

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(cambiad el sujeto implícito por lo que queráis)

Cuando queremos tecnología en el aula, al igual que cuando queremos saber qué enseñar o cómo enseñar o qué aprender y cómo aprender, hay una serie de cuestiones que tenemos que tener muy claras. Aspectos tecnológicos de infraestructura que van a determinar cómo es la experiencia de usuario (como se dice en entornos de programación de software) de aprendiz, podríamos denominarlo en este caso. Otras cuestiones todavía más importantes versan sobre lo que vamos a hacer con dicha tecnología en el aula, pero no nosotros, sino el alumnado, Y yendo más lejos… parque queremos que utilicen la tecnología ¿qué beneficio sacarán… y no me refiero al acceso a contenidos (lo damos por descontado).

Curiosamente a algunos una de las preguntas más determinantes giran alrededor de cómo de suave será la introducción  de dicha tecnología para el profesorado y, aunque tiene su importancia, no es en absoluto ls más determinante.

Existen otras cuestiones que tenemos que poner encima de la mesa y que, años tras años, siguen sin estar presentes en la mayoría de las propuestas.

Como dije aquí en su momento en orto artículo, tenemos que considerar varios puntos que debemos tener en cuenta para la incorporación de la tecnología en procesos de aprendizaje. Y no hablemos de las propuestas de la administración, las cuales no contestan ni el 10% de estas preguntas.

Si el objetivo no es transformar profundamente nada…

¿para qué introducir la tecnología en el aula?

Photo by Markus Spiske on Unsplash

Una de las cosas que más me llamó la atención en este último SIMO educación, es la argumentación para introducir ciertos elementos tecnológicos de cierta empresa, que empieza por Go y acaba por Gle. Parece que en algunos casos funciona (eso dicen) y es porque se basa en una transición muy suave, muy directa y muy transparente para le docente en lo que es, a todas luces, una introducción de tecnología para seguir haciendo prácticamente lo mismo. Digamos que el docente (o el centro) no tiene que preocuparse de cuestiones técnicas, y evidentemente este parámetro tiene su importancia, pero no debería NUNCA y reitero NUNCA determinar que ese parámetro sea el decisivo.

No tengo nada contra los Chromebooks. De hecho si los centros presentan un proyecto interesante, lo defendería porque creo en ese principio de libertad de los centros para decidir cómo deben ser las cosas. Desde los centros y para los centros.

Pero lo siento mucho. Los Chromebooks no llegan ni a nivel de hardware, ni a nivel de plataforma ni a nivel de posibilidades de trabajo. Si se quiere cambiar o transformar algo lo que se hace en el día a día, no es la mejor solución. Será la más fácil, la más inmediatas, incluso la más barata… pero no es la mejor. Y yo quiero para el alumnado la mejor solución… ni más ni menos que lo que quiero para mi. No merecen menos.

Porque no nos engañemos, las opciones tecnológicas deberían pasan por querer transformar lo que ya se hace y si nuestro primer parámetro es “que sea una implementación sencilla y suave para el docente y para el centro” para que le resulte muy fácil utilizarlo en lo que ya viene haciendo y además gastarnos lo menos posible ¿de qué demonios estamos hablando? Porque desde luego no es de educar… es de hacerle fácil la vida al docente.

Por cierto, las que hablamos de implementación de tecnología en el aula ¿Queréis conocer otro elemento cuya incorporación es aún más suave y  sencilla para el centro y el docente? El libro de texto, y tampoco tengo nada contra él… pero curiosamente si no trabajas con celos, tienes cero financiación.

Siguiendo el mismo argumento que en el caso anterior,  deberíamos usarlos todo el tiempo por su facilidad de uso y suave curva  ¿verdad?

Si lo importante es una implementación tecnológica barata, sencilla y suave para el docente y para el centro

¿De qué demonios estamos hablando?

¡PORQUE DE EDUCAR NO!

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