Hablar a la audiencia: sumando nuestros lenguajes parte 1

Llamadme pesado, lo sé. Hablar de creatividad, de lenguajes no textuales, de riesgo, de SEL, de múltiples inteligencias, del papel del alumnado, de tecnología transparente es una constante aquí. No sé si es que no sé hablar de otra cosa o es que creo que hay tanto que hacer en este campo…

El caso es que en más de una ocasión hemos hablado de la importancia del lenguaje oral, de la espontaneidad, del discurso en tiempo real o de la defensa de un argumento ante otros. Y al mismo tiempo nuestra actitud, nuestro cuerpo como envase pero también como emisor con sus propios códigos.

No es que el hecho de usar ambos lenguajes sea interesante o que tengamos que potenciarlo en el aula por cuestiones de currículum.

Es un hecho que utilizamos ambos lenguajes para comunicarnos 


Quizás trabajamos poco en esta línea y lo que creo que resulta peor, trabajamos sin saber porqué ni hacia dónde. Parece que delegamos en el curriculum actual la capacidad de saber si es interesante, oportuno y necesario para el futuro de nuestro alumnado sin preguntarnos el porqué. Una vez más, ‘todo en pieza con un por qué?

Entre los datos que deberíamos  estar utilizando en nuestro argumentario y que no veo que se nos ofrezca desde la formación inicial ni desde la continua, salvo honrosas excepciones, es qué mensaje enviamos con uno u otro lenguaje, qué elementos tienen más peso o qué hace que un mensaje sea creíble y veraz.

Espero que esta imagen aclare algunas cosas. Entre ellas el lenguaje que establecemos entre dos personas o grupos de personas, se produce entre los que emiten el mensaje y los que escuchan activamente. Aunque es evidente que faltan algunas variables en esta ecuación. Por ejemplo :

El público

Evidentemente no es lo mismo hablar delante de alguien conocido o argumentar una posición contra alguien que conoces y del que esperas cierto tipo de reacción porque ya nos resulta familiar, predecible. Que defender un argumento delante de cientos de personas que, en muchos casos, son arreactivas.

Y sí, los docentes, mal que nos pese, somos en general muy arreactivos en las formaciones. Por suerte (o debido a la mucha suerte que me persigue) tengo el placer de visitar muchos lugares y ver muchas caras en los talleres y conferencias que imparto desde hace ya 8 años. Y sigo percibiendo apatía en muchos docentes, aunque otros tantos se acercan y te comentan en un sentido positivo o con una crítica, normalmente constructiva, pero prefiero mil veces eso que la arreactividad.

Y es necesario aprender a hablar delate de público, pero es igualmente importante aprender a ser tú mismo ante él y en diferentes contextos. Como a mí me ha sucedido, al tener que que salir de mi zona de confort cuando tuve la fortuna de da mi charla TED en TEDxGalicia 2015 y eso que ya estaba bregado en unas cuantas conferencias.

Las expectativas

Directamente relacionadas con el punto anterior. Dialogar ante un público adverso o ante uno ya ganado de antemano, el hecho de que el público tenga expectativas creadas (por la persona, por el tema, por el ambiente, por la calidad…) o que no se espera nada y, por tanto, con la mente más abierta en cuanto al resultado final. Diferentes situaciones y diferentes expectativas creadas.

El lenguaje visual

Hay tres tipos de conferenciantes:

  • Aquellos que llevan con una misma presentación desde tiempos inmemorables. Me viene un profesor de universidad (y auto proclamado experto en aprendizaje móvil) a la cabeza que lleva con el mismo tipo de presentación desde el diluvio universal.
  • Los hay que utilizamos el apoyo visual con tanto esmero que posiblemente nos pasemos de la raya aunque nuestro propósito es que que tengan el peso ideal en la presentación.
  • Y los hay que, como Sir Ken Robinson, ni se apoyan en elementos visuales para su presentación ni los necesitan… ni las echamos de menos los que lo escuchamos (yo de mayor quiero llegar a ser la centésima parte de este modelo).

Es evidente que el apoyo se hace más o menos importante dependiendo del mensaje, del mensajero y de la calidad del elemento visual. Cuestiones como el control de tiempos, la estética, el impacto visual, la interacción con el público o la idoneidad de los elementos mostrados son cuestiones muy en cuenta.

Un buen mensaje oral y una buena actitud postural ante el público pueden quedar muy diluidas si lo que queremos mostrar en pantalla es texto desde la esquina superior izquierda hasta su contraria en diagonal. Y lo mismo pasa si las imágenes no llaman la atención, si son de mala calidad, si permitimos que lean todo el contenido aunque nuestra locución aún no haya llegado a dichos puntos, o si tenemos que referenciarnos a la pantalla cada dos por tres para poder seguir el hilo de nuestro argumento.

No hay regla de oro, pero ante el público sólo queda tener ciertos puntos claros. Pero eso lo trataremos en la siguiente entrega.



Una respuesta a “Hablar a la audiencia: sumando nuestros lenguajes parte 1”

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