Experiencias

¿Por qué debemos enseñar de una u otra manera?
¿Por qué se queda impregnada en nuestra memoria aquellos momentos especiales más que otros en los que aparecen más conceptos académicos?
¿Qué hace especial un momento?
Creo que tenemos una deuda con estas pequeñas personas que tenemos varias horas al días con nosotros en nuestras aulas.
-Les hacemos pasar muchas horas con nosotros sentados delante de un pupitre de un modo casi tortuoso.
-Les mentimos diciéndoles que nuestra obligación es hacerles pasar por exámenes para confirmar que aprenden.
-Nos mentimos cuando les decimos que su suspenso significa que no son capaces de aprender.
Hemos olvidado que lo esencial no es ni el estándar, ni la calificación, ni siquiera ese contenido… Lo importante, lo que queda impregnado en nuestra memoria es esa experiencia que hemos vivido, las personas con las que hemos compartido y el poso que ha dejado en nosotros.
Puede llegar a ser catártico, puede cambiarte el rumbo de la vida, puede ser emocionante. Puede ser muchas cosas, pero sobre todo será una experiencia que recuerdes con agrado. Y mucha parte de dicha causa es la pasión con la que el docente genera el clima y la conexión con las personas que le acompañan. Por eso recordamos tanto a algunos profesores, por eso alguna de las personas que nos han enseñado nos han abierto mentes, mostrado campos y caminado con nosotros el inicio de un área del saber. No es el contenido, nunca ha sido el contenido. Es la experiencia y la curiosidad. 

Entonces, ¿por qué demonios algunos docentes que no trabajan de este modo argumentan que los niños “tienen que ver de todo”? como si otros modos de enseñar fueran positivos y necesarios en su vida. Como si hubiese una necesidad de pasar por métodos clásicos de enseñar porque es “cuando se aprende de verdad”. 

¿Por qué algunos docentes se encierran en esta excusa -normalmente con la misma manera de enseñar que han usado durante los últimos veinte años- para no verse requeridos de un cambio fundamental en su metodología?

Si fuésemos médicos en vez de mestros y profesores, y estuviésemos buscando algún tipo de enfermedad en el cuerpo de nuestros enfermos, no parecería ni medio normal que argumentásemos en la misma linea.

Sigo practicando la medicina exactamente igual desde hace 30 años … y es que lo enfermos "tienen que ver de todo"

No creo que como pacientes estuviésemos esperando mucho tiempo en la sala de esa consulta.

La necesidad del cambio no puede sustentarse en lo que “otros” argumentan si no va acompañado de una autoconfirmación interior y personal de dicho requerimiento. La sociedad exige que nuestro alumnado sea creativo, ético, autoconfiado, con altas dotes de asumir riesgos y liderar el futuro. Sin embargo, les decimos que tienen que experimentar “otras formas de enseñar” en la que predomina la emisión de contenidos por parte del docente como elemento de aprendizaje, con un papel por parte del alumnado altamente pasivo, porque es lo mejor para ellos.  

El nivel de argumentación de estos docentes para seguir con un sistema clásico siempre me ha chocado, y tengo que reconocer que me hierve la sangre. Argumentos como “no creo que sea tan malo (… aprender según los métodos tradicionales)” o “hay que combinar”, argumentos que no son tales ni se basan en nada más que su propia auto-afirmación o vivencia personal para satisfacer su propia necesidad de seguir igual. 

Mientras los docentes argumenten que pueden seguir enseñando cómo siempre para hacer valer su forma de enseñar, no podremos realizar un cambio profundo del sistema. Y ese cambio va NECESARIAMENTE acompañado de una figura docente radicalmente diferente. El docente como guía, como coach, como acompañante, como potenciador… y también con una alta dosis de empatía emocional con el alumnado. Y cuando digo empatía, me refiero exactamente a ponernos en su lugar.  

Ayer mismo me contaron el caso de un alumno de secundaria al que, hasta el momento, no había suspendido ni una sola asignatura en toda su etapa educativa, ni una. La respuesta de su profesora al sacar una nota de examen por debajo del cinco y suspenderle la asignatura (ya sabéis cuánto significa un examen en el conocimiento adquirido por una persona) es que ni se presentase a la recuperación “porque no tiene ninguna posibilidad“. 

¿Qué pretendemos diciéndole eso a un chaval de 16 años? ¿Creemos acaso que nuestra opinión infalible le ayudará en el futuro?¿acaso esas palabras le darán aliento? ¿Le animamos así a estudiar más y mejor?¿Le proponemos alguna opción?¿nos va a ver como su mentor, su apoyo, su maestro…?

Como docentes no podemos creernos por encima de nuestro alumnado

No lo estamos, y no es una cuestión de autoridad. 

Cuenta la leyenda urbana que cuando Richard Gerver visitó China, estuvo en una de las multitudinarias clases en las que los docentes imparten sus clases. Al acabar el tiempo de docencia, el profesor saludó a cada uno de los discípulos con la conocida genuflexión oriental tan característica acompañado con un “gracias por haber asistido a mi clase“, saludo que era recíproco por parte de cada una de las personas que se despedía y con la respuesta “gracias por compartir conmigo su conocimiento“. 

A lo que el conocido experto internacional, extrañado, le preguntó: –¿por qué saludas a cada uno de ellos con esa reverencia?

La respuesta que recibió es ejemplar: –“puedo estar instruyendo al futuro científico que cure el cáncer o al que obtenga una solución para el hambre en el mundo. Le doy humildemente las gracias por haber estado en mi aula“.



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