Es mejor no arriesgar, no?

Realmente me cuesta ver si andamos hacia adelante o hacia atrás en la educación. Me resulta muy increíble ver como las cuestiones pedagógicas quedan en un tercer plano, menos importantes, menos decisivas, saber del “panfleto antipedagógico” y como está teniendo cada vez más apoyo solo consigue producirme náuseas.

Como la sociedad encumbra a los nuevos profesionales, los cuales deben ser eruditos en las materias que imparten aunque su proceso de enseñanza deje mucho que desear. Como, desde nuestra sociedad, ponemos a caer de un burro a profesionales porque (desde nuestra ignorancia) creemos que trabajan poco, sin conocer el resto de su día a día, de su formación, de su propia intervención cotidiana en la mejora del aprendizaje, de sus intentos de innovación casi siempre contracorriente, porque ya sabemos que la administración fomenta ese tipo de desarrollos que pueda vender mediáticamente.

Me resulta todavía más triste ver como los docentes aplauden con las orejas cualquier tipo de medida de la administración sin pensar por un segundo que se desprende de ella: aplaudimos los centros TIC andaluces o el Abalar o la escuela 2.0 cuando tanto su concepto como su proceso de implantación es más que cuestionable, cuando no hay ni pizca de creatividad ni alternativa, cuando no hay estudios para desmantelarla pero tampoco para implantarla, cuando se esconden los gastos derivados de su mantenimiento bajo la nómina del docente de turno o en la externalización desde el equipo directivo y argumentamos que cualquier otra alternativa es inviable. Es mentira, es peor, es una falacia. Aunque no es más que el mismo reflejo de nuestra docencia que sigue sin cuestionarse sistémicamente el papel del docente, del alumnado, de su formacion, de la tecnología o del libro de texto.

Es una huída hacia adelante, pase lo que pase y diciéndonos a nosotros mismos, que buenos que somos los docentes, que buenas somos las familias o que bien lo hacemos desde la administración.

Lo mas triste del asunto es ver como en países que realmente se están poniendo las pilas, hacen lo único que hay que hacer: cuestionarse las cosas a todos los niveles. Leyendo algún que otro artículo sobre Finlandia, veo elementos que se podrían transplantar sin mayor dificultad económica (aunque si mucha complejidad estructural entre la carrera docente y la universidad, entre la administración y el profesorado). Nos escudamos en que es un país diferente, un país avanzado y no nos paramos a pensar qué cuestiones podemos INTENTAR, porque esa es la palabra mágica, nadie tiene la solución. Lo único que tienen algunas personas es la voluntad de cambiar las cosas, de mejorarlas, de avanzar y para eso hay que ARRIESGAR.

Seguimos basando nuestro papel de docente en el mundo de Gutemberg, en el papel, en la escritura lineal, en la repetición sistemática, en la estandarización, en la mediocridad de la homogeneidad. Podríamos hacer mucho más, podríamos intentarlo mucho más pero es más fácil acomodarse, mucho más fácil criticar al docente (que vive muy bien, porque solo sabemos las horas que dedica a la docencia directa), en la falta de autonomía necesaria en la que acabamos por convivir y aceptar.

Es mejor no arriesgar, verdad? Si, pero… mejor para quien? Preguntémosles a las niñas y niños de hoy dentro de diez años. Quizás no nos guste lo que tengan que decirnos.



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