Diagnóstico: lamentable

Diagnóstico: lamentable

Photo by Tim Gouw on Unsplash
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Hace mucho que no escribo, lo echo en falta pero el día tiene 24 horas por mucho que intente estirarlas.

No se si os dais cuenta pero ya estamos en mayo, los campos florecen, las hormonas están a 100, la declaración de la renta llama a tu puerta y llegan las reválidas… las pruebas diagnóstico, ese momento que parió el peor ministro de educación de la historia y que nadie tiene la valentía (habría que llamarlo vergüenza) de quitar aunque casi todos se ponen de lado.

Eso significa que, aunque no tiene valor real, se sigue realizado, utilizando dinero público y recursos humanos a ello.

Dicen los poderes fácticos que es necesario realizar una prueba diagnóstico para conocer ciertos elementos, y eso pasa porque a esos poderes les va más escuchar a “expertos en economía de la educación” que a “expertos en educación”.

Una nueva forma de entender:

Dime con quien andas y te diré…

Mentira número 1

Mejora del currículo

La idea que nos venden es que podemos conocer fallas en el currículo que pueden ser subsanadas.

No es cierto, en todos los años que lleva realizándose la prueba diagnóstico no se ha cambiado ni una coma del currículo. Es más, no se ha generado ningún equipo de trabajo, ni comisión ni entidad alguna para revisarlo. NUNCA.

Mentira número 3

El centro conocerá cuál es su situación

Esta es muy buena, porque lo único que se hace es realizan un ranking de centros que sirve a algunos para ponerse en cabeza y a otros para salir desprestigiados, independientemente de las situación económico-social de sus familias, de los recursos económicos con los que cuenta, o del método que usen para el aprendizaje.

Es tan lamentable que no existe ningún estudio de la población familiar de dichos centros, ni estadísticamente tiene validez ninguna. Siendo contrario a los estudios PISA (ni al uso partidista que se hace de ellos) por lo menos de estos últimos se puede sacar alguna conclusión interesante sobre la población, el sistema o las circunstancias que rodean al grupo, cosa que de la prueba diagnóstica no.

Mentira número 5

La prueba permite mejorar el sistema

Casi es peor que la mentira número 1. En todos lo años que lleva la prueba diagnóstico en marcha no se modificado el sistema en absoluto. No hay variación de ratio, ni aumento o modificación en el número o tipo de recursos humanos ni mucho menos en la financiación a centros, tecnologías, metodologías, objetivos, etc.

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Mentira número 2

Conocer en qué falla el alumnado

Nos dicen que las pruebas permiten reconocer cuáles son los elementos curriculares en los que tienen más problemas el alumnado.

Esta mentira, aparte de gorda, manifiesta la poca inteligencia de los directivos. Quien conoce al alumnado, quien sabe en qué fallan, cómo y porqué es su profesorado, el que está con ellos todos los días.

Además de eliminar a su propio profesorado de la ecuación en un ejercicio de ignorancia y desprecio, demuestran la poca confianza que tienen en ellos.

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Mentira número 4

Se basa en una evaluación de competencias

¡Ya! Por eso siempre aparecen contenidos que no se imparten hasta terminado casi el curso, siempre quedan elementos curriculares fuera, imposibles de impartir. Es tan tremendamente vergonzoso, que no sé ni como tienen la cara de exigir que se realicen estas pruebas.

Mentira número 6

La prueba mide lo importante a aprender

Que a 2018 se siga diciendo que el examen debe ser por escrito -incluso en algún lugar se hace por escrito la prueba de la competencia digital que ya es vergonzoso- para analizar la competencia lingüística y matemática, dejando al resto en una segunda fila ya dice mucho (y todo malo) de las personas que lo han ideado. Que además lleva consigo un tufillo a rancio, donde no se tiene en cuenta ni las soft skills, ni la creatividad, ni elementos de liderazgo, etc.

LOS QUE MEJOR CONOCEN A SU PROPIO ALUMNADO SON LOS DOCENTES

¡Qué vamos a esperar!

No, evidentemente la prueba diagnóstico no soluciona, ni ayuda a nadie, ni saca a la luz, ni vertebra, ni clarifica ni valora el aprendizaje ni a sus agentes. Es un sistema pensado desde las alturas para un enfoque determinado por el output, sin tener en cuenta ni el input (que le digan a las familias humildes o a las que no pueden acceder a elementos tecnológicos si eso no es importante) ni el proceso.

¡¡Así nos va!! Menos mal que la mayoría de las AMPAS y docentes de España lo tienen más claro que los propios políticos, los cuales saben de educación lo que yo de física cuántica… nada!

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