Carta abierta a un colegio de Vigo

Carta abierta a un colegio de Vigo

He estado pensando muy mucho si hacer pública mi carta remitida a la dirección general de un centro educativo en el que cursaba el pequeño de la casa hasta terminar el curso pasado. He estado pensando si poner el nombre de la institución… pero al final he optado por no hacerlo. No voy a arreglar nada escribiéndolo en público y los responsables de ese centro ya saben que son los responsables de no contestar a mi email y de no hacer nada en absoluto para cambiar la situación.

Soy una persona crítica con la docencia.. Creo que nuestro conocimiento sobre metodología, sobre cómo funciona el cerebro y sobre el uso adecuado de la tecnología educativa es bastante parco en demasiadas ocasiones. Creo que a un profesional de la educación se le debe exigir el mismo nivel de conocimientos que se les pide a un médico, sino más. Y ese nivel de conocimientos no debería versar únicamente sobre cuánto sabemos de matemáticas, de lengua o química (que también es importante, por supuesto).

Lo que no me parece aceptable bajo ninguna circunstancia, es el desconocimiento sobre una de las patas más importantes sobre la que se asienta nuestra labor: conocer a los estudiantes, cambiar nuestra forma de trabajar, adaptarse a sus dificultades más que ellos a nosotros. Lo que me parece indefendible es ocultarse ante los problemas, utilizar la sordera como forma de no enfrentarse a ellos, exigir siempre al pequeño lo que no nos exigimos a nosotros mismos y siempre siempre mostrar que “la pelota está en su tejado”.

Y eso es, en resumen, la penosa sensación que tengo de este centro (del que no daré más detalles salvo en privado, si me lo pide alguien). Un centro que, además, se jacta de transmitir “valores humanos”. Me ha demostrado no estar a la altura ni cuando le he hecho llegar la carta al director general de la institución. Así que, después de mucho sopesar, he decidido hacer público el correo que remití hace más de tres meses al máximo responsable de esa institución en Vigo. Ahí va…

[después de la oportuna presentación…]

Entramos hace varios años, en primaria, por la fama que tenía el centro. Nuestro niño es un niño de muy buen carácter con algunos problemas de aprendizaje. Tiene rasgos de trastorno de déficit de atención en el aprendizaje (sin H, que es algo que a los profesores les pone nerviosos). […]
En el primer curso de primaria que cursó aquí (que no fue 1º) tuvimos un tutor que, aún siendo muy tradicional en el modo de enseñar, había empatizado muy bien con el pequeño y estuvimos contentos.
Durante el siguiente curso, la cosa empeoró ostensiblemente. No solo por el nivel de conocimientos sobre cómo enseñar sino que además el tutor desconocía completamente al alumno. La función de los tutores sólo tienen sentido si CONOCEN de verdad a sus alumnos.
En el tercer curso realizado en primaria la cosa no podría ser más surrealista, con reuniones de tutoría absolutamente delirantes, con formas que me recuerdan cómo aprendía yo hace 30 años. Eso si, los exámenes que no falten… la curiosidad brillaba por su ausencia.

Pero entramos en primero de la ESO y esto ya es un despliegue de sinsentidos, de falta absoluta de conocimientos metodológicos y formas absolutamente trasnochadas y arcaicas. Desde la falta absoluta de empatía con el pequeño, con excusas de todo tipo que evidencian una absoluta falta de conocimientos sobre metodología y sobre cómo abordar la enseñanza.
El docente que parece buscar más que el alumnado abandone cualquier esperanza de tener a las matemáticas como algo que les llama a aprender (por poner vídeos no se está haciendo flipped learning, lo digo por delante porque es la típica respuesta de quien pone vídeos y dice usar este marco metodológico).

Podría seguir así con cada docente. Hemos oido barbaridades como «el equipo de primero de la ESO es muy benevolente y en segundo de la ESO suspenderá cinco o seis en la primera evaluación del próximo año”. Podría hablar largo y tendido sobre esta frase y todo lo que se me ocurre es malo, pero me quedo con dos cuestiones:

la 1ª “las expectativas generadas por el docente es una de los elementos clave para un aprendizaje positivo”.

La 2ª, una frase de David Bueno, genetista y una de las personas más relevantes en neuraprendizaje: “En los adolescentes la parte del cerebro más activa es la emocional”.
Mención aparte está la profesora de la asignatura de […] que sí se ha preocupado en hacer eso que se supone que debemos hacer, una “personalización del aprendizaje” adaptando al pequeño lo que tenga que hacerse, fue una compensación pequeña pero eficiente. Eso si, hay dos puntos en común en prácticamente todo el profesorado (fíjese que digo «prácticamente todo» y no “todo») y es la absoluta falta de actualización metodológica.
Y en segundo lugar, una casi patológica necesidad de calificar y examinar todo. Todo son exámenes, todo. Y lo poco que se vende en aprendizaje cooperativo no se trabaja como tal (porque NO LO ES en realidad, […]).
Y todo se percentiliza para las notas. Lo fundamental, parece ser, en esta institución. Notas tan esperpénticas como 4,85 (y combinaciones igual de ridículas) que demuestran una absoluta carencia de objetivos realmente formativos y el poder que se ejerce con este tipo de dinámicas tan perjudiciales.
De poco sirve que digan que hacen proyectos cuando estos no tienen más que apariciones puntuales, cuando se hacen mal (porque se hacen mal, no siguen los patrones básicos de todo aprendizaje basado en proyectos), no se valoran adecuadamente -porque el aprendizaje basado en proyectos requiere de un uso de rúbricas, de portafolios, de evaluación formativa y cualitativa), ni se utilizan adecuadamente para que el docente haga su labor mientras estas suceden en el aula (el aprendizaje basado en dinámicas activas exige del docente otro tipo de interacciones con el alumnado).

Podría hablarle de la extrema importancia de establecer un lazo de confianza entre discente y docente. Podría hablarle de la ”mentalidad de crecimiento” y su papel en el desarrollo afectivo-social con estudios que demuestran el enorme impacto en el plano cognitivo. Podría decirle cómo afecta a los pequeños la ”indefensión aprendida” que se genera desde los puestos de docente. Podría hablarle incluso de neuroaprendizaje y del absoluto desconocimiento sobre del papel que juega la dopamina, la serotonina o la adrenalina o cómo hacer que estos neurotransmisores entren a jugar.

Eso NO es educar, ni siquiera es formar, diría que se parece mucho más a entrenar. La ESO no es una preparación para bachillerato, ni mucho menos para vender porcentajes de aprobados en las PAU. Es algo mucho más importante.

Es hora de que los filólogos, químicos, matemáticos e historiadores que trabajan ahí dejen un poco de lado su ego y empiecen a ser DOCENTES, porque sabrán mucho de sus especialidades pero le aseguro, le aseguro completamente, que muchos de estos docentes que ha tenido que sufrir no saben de enseñar y mucho menos de aprender.

Todo estos motivos han provocado que haya sido necesario abandonar este centro. A cada curso que subía, encontramos un nivel de conocimientos más bajos en cuanto a metodología, en cuanto a conocimientos sobre qué es importante aprender, y desde luego no lo es ni la materia ni la asignatura.

Es el perfecto ejemplo de cómo una institución en la que dice prevalecer lo humano, consigue justo el efecto contrario. Dirán que muchos alumnos superan (incluso con facilidad) los estudios, que son grandes estudiantes en la universidad, pero ese no es el objetivo de aprender, nunca lo ha sido. Esos alumnos van bien pero es que irían bien en cualquier situación, ante cualquier contexto. Eso no tiene ningún mérito. Lo que marca la diferencia es el trabajo con otro tipo de alumnado.

Dije hace unos meses que un centro se distingue por la calidad de su atención a la diversidad. Por desgracia se cree en éstas cuando hablamos de problemas graves de aprendizaje, cuando hablamos de NEAE, y es una óptica muy equivocada. La atención al alumnado empieza por el propio profesorado, el cual tiene que saber para qué enseña y eso no sucederá si no sabemos para qué se aprende.

Lo importante, parece ser, es conseguir una tasa de aprobados en la selectividad que atraiga a nuevos niños. No es lo que debería ser, ni mucho menos el objetivo de un centro educativo, o por lo menos de aquellos que dicen que miran más allá de la producción académica.

Siento mucho que sea así, no fue lo que nos atrajo del centro, nos hablaban de cuestiones humanas, de tener en cuenta elementos actitudinales hacia los demás… de poco sirve aprobar si no trabajamos cómo somos como personas y eso no se hace realizando proyectos hacia el tercer mundo, ni con una asignatura de “educación emocional” más de relleno que de sustento real (por desgracia). Es el día a día en el aula, y el objetivo dentro de lo que hacemos con el alumnado y lo que valoramos.

Es, en definitiva, un doble lenguaje: decir que nos importa una cosa para, al final, en la evaluación valorar otra muy distinta.

Evidentemente esta carta no va a hacer cambiar lo que ha pasado, sabiendo cómo funcionan los centros y los docentes. Tampoco servirá para cambiar a los docentes que le ha impartido durante este curso, en eso los docentes somos expertos en buscar siempre culpables y responsables externos, cualquier cosa menos repensar sobre nosotros mismos lo que hacemos y lo que debemos cambiar.

Y tampoco en cuanto a nuestro pequeño, para eso ya hemos tomado las medidas que creemos oportunas.

[…]

 

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