Aventura finita

Aventura finita

Se terminó la aventura en LinkedIn Learning.

Se terminó la aventura en Graz, Austria.

Se terminó esta aventura que, en principio, parecía simplemente profesional, aunque la connotación profesional tiene un rango sumo en esa ocasión. Pero una vez vivida me he dado cuenta del carácter personal… vital, diría, que acaba siendo esta semana de trabajo en LinkedIn Learning.

Las aventuras finitas en el tiempo, tienen algo que, si sucede en la cantidad adecuada, dejan un buen regusto… como en esta ocasión, y generan una necesidad de volver a repetirse. Y en eta ocasión parece que puede ser así, y eso hace que me sienta alegre de poder volver a vivir una experiencia de este calibre de nuevo.

Ya ha pasado algo más de una semana desde que llegué a Graz para trabajar en LinkedIn y ahora de vuelta, como muchas veces suele pasar, la resaca es entre triste y alegre.

Alegre porque vuelvo a casa y, aunque dicen que los docentes estamos de vacaciones, algunos no hemos tenido ocasión de parar en ella desde que los pequeños dejaron el aula este curso.

Y triste porque la aventura terminó… unos días de mucho, muchísimo trabajo, pero que dejan huella. Os podría hablar de cómo son las instalaciones, increíbles, casi podría decir que el modelo perfecto que deberíamos copiar mesa a mesa y sala a sala en los centros educativos. Podría comentar la infraestructura tecnológica; para cualquier geek que se precie, estar allí y utilizar toda aquella tecnología es un auténtico un lujo.

Pero lo que más me ha impactado, lo que realmente me parece digno de observar y copiar para cualquier centro que diga promocionar la innovación, es el factor humano. No sólo me he encontrado con personas tremendamente profesionales, con un nivel altísimo en cuestiones de desarrollo de proyectos y con un flujo de trabajo perfectamente pensado.

Members first!

Un lema que deberíamos hacer nuestro con el alumnado y sus familias.

Me he encontrado con una calidad humana increíble… un trato exquisito no sólo dentro del proyecto, sino las 24 horas al días. Ayudando, colaborando, enseñando y sobretodo, aprendiendo. Desde el compañero cámara hasta el jefe de área, TODOS.

Recuerdo mis tiempos en el Centro de Innovación, de su gente y compañeros que dejé atrás… alguno amigos hoy en día. Me hubiese gustado mucho que estuviesen aquí para que viesen como se trabaja en un lugar donde se aprecia tu labor y donde se estima tu contribución.

Los CEFIRE, CFR, CEP, etc de la geografía española deberían pasarse por aquí y aprender, sobretodo sus jefes -y más si cabe los jefes políticos- qué es lo que se consigue cuando tienes gente con conocimientos, con capacidades y lo que se consigue cuando se les escucha y se les promociona. Podrían aprender qué sucede cuando, desde arriba, se espera que los compañeros aportan su conocimiento, sus ganas y asumen riesgos.

Algo completamente imposible en nuestros centros de innovación educativa, centros tecnológicos y de formación del profesorado, donde algunos de los que están muy por encima de ti sólo esperan que aplaudas sus ideas, donde exigen un seguidismo absolutista y donde ellos son los primeros que saben menos que tú pero hablan como si fuesen los líderes mundiales en conocimiento en todas las áreas.

Te das cuenta, entonces, de la cantidad de cosas que tienen que cambiar en la educación en cuanto a formación e innovación. Empezando por la óptica de los de arriba, la asunción de riesgos y la toma de decisiones.

Una de las cosas que más me llamó la atención fue la forma de hacerme sentir que lo más importante de este proyecto era yo, no la empresa… yo, mi idea y cómo expresarla. Completamente diferente a cómo sucede en nuestras instituciones públicas sobre innovación y formación educativa, donde lo más importante es el proyecto político que se vende “desde arriba”, la jerarquía de mando y los líderes superiores -políticos- o la institución que nos vende el humo mediático día sí y día también.

De los tiempos en la formación del profesorado, podría hablar de cómo nos caían estúpidos “champiñones” (nombre cariñoso que le poníamos a los trabajos de última hora que exigían dedicación exclusiva y con escaso alcance real), o la subyugación indefinida y definitiva a los ridículos y lamentables planteamientos de cierta institución dedicada al apartado tecnológico, observando, ojipláticos, cómo tiran millones de euros en miles de PDI o se llenaban los centros de lamentable hardware o promocionaban una vergonzosa y carísima plataforma de libros digitales.

Toda la formación en metodologías activas a la basura. Todo lo que podría hacerse en los centros, apartado de la carretera.

Para ellos lo único importante es SU planteamiento. Una vez más, o estás con ellos o te has situado en su contra.

Son tantas y tantas las diferencias, que te cuestionas si lo que se denomina “educación pública” debería redefinirse en otro concepto, porque esto… esto también es parte de la educación pública.

Deberían pasarse por Graz y aprender un poco, un poquito, de cómo deberían realizarse las cosas.

Photo by Headway on Unsplash
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