Antes de pisar un aula conviene recordar…

 Recuerdo la primera vez que entré en un aula como docente, bueno, las dos veces. La primera como practicum y la segunda cuando ya estabas solo ante el peligro. Recuerdo que en ambas ocasiones sentía cierto cosquilleo en el estómago, nervios en las piernas y muchos ojos encima de mi, observando mis movimientos, mis decisiones. Recuerdo a las familias cuchichear y evitar mi mirada cuando coincidíamos. Recuerdo mis palabras para llevarme a esos niños para dentro del aula.

Es curioso, pero esas mismas sensaciones me han acompañado (aunque nunca pensé que fuese así antes de haber comenzado esta andadura que ya lleva más de veinte años) todas y cada una de las veces que he tenido que hacerme cargo de un grupo. Siempre con ese cosquilleo, ese nerviosismo del primer día… y realmente me gusta que sea así, que signifique algo para mi.

Y quizás, al igual que esas sensaciones, me resulta imprescindible ciertos elementos actitudinales en todos nosotros, en aquellos que trabajamos con niñas y niños, entre esas paredes y tiempos que denominamos escuela. Son aquellas cosas que no se enseñan, que se suponen que llevamos con nosotros porque hemos decidido hacernos docentes porque son algo más que conocimientos de área, más que cualquier ROC o RRI, es, simplemente, nuestra actitud hacia algunas de las cuestiones que, creo, son esenciales en un docente a día de hoy.

  • ama lo que haces, sea cual sea tu profesión pero ama estar en un centro y dedicar tiempo con tu alumnado y lo que significa ser docente.
  • trabaja colaborativamente persiguiendo siempre un nuevo objetivo, una meta más allá de los que ya tenemos, cambiar, modificar, disruptir, crear, mejorar … pero siempre entre personas de dentro y de fuera del centro, de la comunidad  o de sistema. Ver la cuestión con muchos y diferentes ojos nos permite tener una visión más positiva y más realista de la cuestión.
  • recuerda tu infancia. Ser niño es de lo mejor que tiene el ser humano, aunque lo mostraste es perder parte de esa niñez cuando crecemos. Como decía Pablo Picasso “todos los niños son artistas, el problema es seguir siéndolo a medida que crecemos”. Recordar como nos divertíamos, nuestros anhelos, la sensación al entrar en e clase, lo que significaba para nosotros el maestro o aquello ue nos hacía felices es clave para entender a los niños también hoy.
  • no dejes de lado la creatividad.  En un proyecto educativo sin ella, estamos perdido entre esa marea de objetivos laborales, criterios mínimos, evaluaciones diagnóstico…
  • no te conformes con conseguir menos en y de tu trabajo, no te conformes con cumplir con el simple currículo o unos resultados en una evaluación. Cambiar la educación significa no ser conformista ni con el propio concepto ni con el papel que jugamos en él.
  • comprométete con tu alumnado, con su futuro mas allá de darles unos resultados académicos, comprométete en valores, en su visión de futuro, en su forma de ver la vida. Ayúdales a comprometerse con su propio futuro, con su mundo y con lo que significa crecer como persona de una forma integral.

Esto que acabo de enumerar y que resulta obvio no lo es tanto cuando, en una profesional claramente vocacional, encontramos a gente que se ha dedicado a la docencia por las vacaciones o la plaza segura, o a profesorado que se considera biólogo, matemático o lingüística pero raramente se llama así mismo docente o docentes investigadores en la universidad muy poco interesados en acercarse al aula y menos todavía en cambiar su docencia, hablando en tercera persona de las dinámicas activas de aprendizaje que no aplican a sus propias clases magistrales.

Seguro que hay más elementos a tener en cuenta a la hora de entrar en un aula, como veis nada que ver con la tecnología… ¿o si? Si, quizás si que tiene que ver, al fin y al cabo es una pieza más en el puzzle.



2 respuestas a “Antes de pisar un aula conviene recordar…”

  1. […] Recuerdo la primera vez que entré en un aula como docente, bueno, las dos veces. La primera como practicum y la segunda cuando ya estabas solo ante el peligro. Recuerdo que en ambas ocasiones sentía cierto cosquilleo en el estómago, nervios en las piernas y muchos ojos encima de mi, observando mis movimientos, mis decisiones. Recuerdo a las familias cuchichear y evitar mi mirada cuando coincidíamos. Recuerdo mis palabras para llevarme a esos niños para dentro del aula.  […]

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